Utopías blancas

En continente antártico, que durante mucho tiempo fue presentado como un territorio blanco, inhóspito e inhabitado, en la actualidad se vuelve uno de los grandes laboratorios arquitectónicos a escala global. En este contexto, es necesario reflexionar en su potencialidad para indagar en modos de habitar futuros, pero también en los modos de preservación de este paisaje único.

«Arqueologías del futuro, arquitecturas del pasado en el continente antártico»

Utopías del pasado. Entre las décadas de 1950-1970 en un período que la historiografía de la arquitectura define como la crisis de la modernidad, se desarrollaron en el marco de universidades y estudios, proyectos colectivos que han sido definidos como utópicos o distópicos. Proyectos que durante mucho tiempo han sido excluidos de la categoría de arquitectura por tener una materialidad en el papel, por no haber sido construidas en 3d, por no respetar las leyes de la física, las leyes urbanísticas o arquitectónicas del momento. En este sentido, muchos proyectos han quedado por fuera de los relatos de la historia de la arquitectura por no cumplir con las condiciones mínimas para ser consideradas arquitectura.

Paradójicamente, algunas de estas ideas se han materializado en el continente Antártico, mostrando la potencialidad de esas utopías pasadas. Tal es el caso de la base científica británica, Halley VI, del estudio Broughton, o de la base norteamericana, Amundsen-Scott, conocida como el Domo del Polo Sur.

Los diálogos entre proyectos como la Walking City de Ron Herron, Archigram de 1964 y la Base Halley VI, o entre el Domo del Polo Sur y las estructuras geodésicas de Buckminster Fuller, o el proyecto de la ciudad en el Ártico de Frei Otto, son sólo algunos ejemplos.

Utopías del futuro. Las utopías no sólo prefiguran otros espacios, sino también otros tiempos. En la actualidad, la Antártida se ha vuelto un laboratorio arquitectónico, donde se experimentan nuevas morfologías, nuevas tecnologías y formas de habitar. Entre experiencias de exaltación de la arquitectura y proyectos que buscan mimetizarse con el paisaje se abre un universo de propuestas que invitan a pensar en las formas de habitar en el futuro, o en nuevos territorios.

Frente a este complejo escenario, cabe preguntarse no sólo por las utopías construidas, o por las utopías del futuro, sino sobre que tipo de huella queremos dejar en el continente blanco.