Investigación realizada con financiamiento de la Universidad de Buenos Aires I Beca Maestría I «Hacia otras espacialidades: Prácticas culturales en la Antártida (siglos XX y XXI)» I Becaria: Arq. Guadalupe Tagliabue I Dirección: Mg. Arq. Violeta Nuviala I Co: Dra. Victoria Nuviala I 2022-23

La presente investigación entiende a la curaduría a partir de dos perspectivas, desde el relato y, desde donde el relato sucede: su espacialidad. Este trabajo, busca pensar críticamente en aquellos soportes desde diferentes categorías espaciales: los montajes expositivos que las prácticas artísticas antárticas encuentran o requieren. Con el objetivo de aportar nuevas áreas de reflexión, que acentúan la idea de que el territorio antártico es un lugar para la exploración de mecanismos de investigación y creación; la investigación busca la construcción de un saber y promoción de gestión de las actividades artísticas y culturales referidas a la Antártida, con profundos conocimientos de los diferentes lenguajes artísticos y sus códigos específicos de la arquitectura donde se producen.
Nuevas prácticas, una curaduría del espacio. Las exposiciones son espacios privilegiados para realizar investigaciones que den a conocer artistas y prácticas antes desconocidas, a la vez que son “lugares de reunión de objetos y personas donde se comparte información y experiencia” (Herrera, 2013). Son también en la actualidad, uno de los medios principales a través de los cuales circula el arte. Por su parte, la curaduría ocupa un lugar central en las exposiciones, ya que define recortes conceptuales, construye discursos que dan nuevos sentidos a la obra de arte. Las exposiciones “son también espacios de lucha simbólica y pugna política” (Herrera, 2013); es así que la producción de textos críticos ligados a estas puede pensarse como una acción política, al ser entendida como estrategia de posicionamiento dentro de un espacio de producción de saberes (Weschler, 2012).



Reuniendo entonces estos aspectos, una exposición no debe tratar de tomar el poder sobre los espectadores, sino proporcionar recursos que incrementen la potencia del pensamiento, y por esto mismo, no termina ahí –con su cierre y desmontaje– sino que sus argumentos y proposiciones operan en el tiempo, pudiendo repensarse una y otra vez. (Didi-Huberman, 2011). Las prácticas culturales son consideradas como un tipo específico de vínculo de producción de obras o prácticas artísticas, formas de visibilidad de estas prácticas y modos de conceptualización de unas y otras. Están articuladas recíprocamente con las formas de actividad, organización y saber que tienen lugar en un universo histórico determinado: “las prácticas artísticas son ‘maneras de hacer’ que intervienen en la distribución general de las maneras de hacer del ser y en sus relaciones de visibilidad“ (Reinaldo Laddaga 2006).
Una nueva presentación curatorial de la obra puede volver a colocar obras de arte bajo nuevas perspectivas y contextos (Balzer, 2018). Es por eso, que aquellos espacios donde toman lugar esas exposiciones se fusionan con la obra,logrando formar un nuevo relato. Las diferentes visiones sobre cómo deben ser los espacios expositivos desata nuevos cuestionamientos sobre si a la arquitectura le corresponde el papel de resaltar el valor de las obras. Muchas obras están hechas expresamente para no adaptarse a un espacio de exposición tradicional dejando suceder lo interesante de las prácticas culturales, un espacio expositivo con apetito de irse puertas afuera. Lo mismo sucede con las obras que son meras interpretaciones del lugar donde se realizan, son el afuera.


¿Qué sucede entonces con estas espacialidades y estos relatos, en un territorio como la Antártida, donde no hay necesariamente un espacio definido pero sí ocupación y producción de prácticas culturales? Desde esta concepción de la curaduría en tanto disciplina crítica, la presente investigación piensa en la necesidad de indagar sobre los espacios arquitectónicos para las prácticas culturales de los siglos XX y XXI en el continente antártico. Con el objetivo de construir un saber que contribuya en la ampliación de la visión de la labor cultural sobre el mundo contemporáneo. Así también, como en la expansión y circulación de saberes a través de los singulares formatos y recursos con los que cuenta la investigación de la curaduría antártica.